¿Pudo refugiarse Hitler en Argentina?

Porque lo que asombra no es la verdad sino la conspiración que existe para ocultarla...

Moderador: Arkantos

¿Pudo refugiarse Hitler en Argentina?

Notapor Arkantos » Mar Feb 24, 2004 2:45 pm

Las siguiente info fue extraída de Portaldehistoria.com:

<center>¿Pudo refugiarse Hitler en Argentina?</center>

<center>Imagen</center>

Hitler y su amante Eva Braun «no se suicidaron, huyeron hasta las costas argentinas en un submarino y vivieron muchos años» en las proximidades de San Carlos de Bariloche, ciudad turística y centro de esquí a unos 1.350 kilómetros al suroeste de Buenos Aires, indicó el periodista.

Basti reproduce documentos, testimonios, fotografías y planos para guiar al lector (o turista) hasta los lugares que habrían servido de refugio a Hitler, Martin Borman, Joseph Mengele y Adolf Eichmann.

Numerosos miembros destacados del partido nazi alemán lograron escapar de Berlín y entre otros lugares, se refugiaron en Argentina. El autor del libro recuerda la «oleada de submarinos» alemanes que llegaron a las costas del sur del país poco después de concluida la Segunda Guerra Mundial.

«Hay muchas y fehacientes pruebas de la huida de nazis hacia la Argentina en coincidencia con la llegada de submarinos alemanes a la Patagonia», señaló, tras recordar el «vital apoyo» que el entonces gobierno argentino presidido por Perón prestó «para refugiar en el país a los secuaces del Führer».

Basti, que reside en Bariloche, inició hace una década su investigación sobre los nazis refugiados en esa pintoresca ciudad y asegura contar con testimonios de pasajeros de los submarinos alemanes que llegaron a la Patagonia, que serán la base de un segundo libro.

No le agrada la pregunta de si con su obra desafía la historia oficial sobre el suicidio de Hitler y de Eva Braun en su bunker de Berlín, el autor asegura en tono polémico que «nunca se encontraron, al igual que de muchos otros nazis presuntamente suicidados».

«La única historia oficial es el informe al Kremlin del general Jukov (comandante del Ejército soviético que ocupó Berlín) de que Hitler y varios jefes nazis escaparon, presumiblemente a España o a Argentina, y así se lo comunica Stalin al Gobierno de Estados Unidos», aseguró Basti.

La versión del periodista argentino contradice el relato de Otto Guensche, principal teniente de las temidas SS y miembro del círculo cercano a Hitler durante la guerra que aseguró haber ayudado a quemar el cuerpo del Hitler.

En una entrevista concedida a la cadena británica BBC porco antes de su muerte, el pasado 2 de octubre de 2003, el ex oficial nazi afirmó que se encontraba junto a Hitler y Eva Braun en el búnker en el que la pareja se suicidó poco después de que el propio Führer le pidiera personalmente que quemara su cuerpo. Guensche contó en esa entrevista que arrojó sobre el cadaver los trapos que iniciaron el fuego después de que el jefe de personal Martin Boorman fracasara en un primer intento de quemarlos.

El libro "Bariloche nazi-guía turística", que se complementará con una web en Internet de próxima aparición (www.barilochenazi.com.ar), comienza con la historia de otro oficial de las SS, Erich Priebke, extraditado de Argentina a Italia en 1995 por su responsabilidad en el fusilamiento de 345 rehenes italianos por las tropas alemanas en 1944, como represalia por un atentado de los partisanos antifascistas.

Usando su verdadero nombre, Priebke llegó con su familia a Bariloche en 1948 donde presidió la "Asociación Cultural Germano-Argentina" y vivió como un ciudadano más hasta que fue descubierto por la BBC de Londres en 1994. La reacción de una parte de la sociedad barilochense que se manifestó a favor del "buen vecino" de la colonia alemana, ocasionó que Bariloche fuese considerada como un pueblo “pro-nazi” en el resto de Argentina y buena parte del mundo.

Este caso fue la punta del iceberg de la investigación de Basti para describir una compleja trama de empresas e instituciones creadas en Argentina "al sólo efecto de la huida de los nazis y de blanquear dinero de las rapiñas de guerra".

El periodista también matiza en su libro la historia oficial sobre las muertes de Martin Borman, el segundo en la jerarquía nazi después de Hitler, y del médico Joseph Mengele, ya que reproduce testimonios y fotografías que dan cuenta del paso por Bariloche de esos dos criminales de guerra.

El autor del libro menciona a Ridolf Fraude, hijo del millonario alemán Ludwing Fraude, como pieza clave para la entrada en Argentina de destacados nazis, entre ellos Eichmann, capturado en 1960 a las afueras de Buenos Aires por un comando israelí y ejecutado dos años después en Israel.

Sobre la supuesta presencia de Hitler y Eva Braun , en el libro publica una fotografía de la finca "Inalco", ubicada en Villa la Angostura, a orillas del lago Nahuel Huapi, 80 kilómetros al norte de Bariloche, el «refugio elegido por los nazis argentinos para esconderlos», una residencia que pertenecía a un empresario argentino allegado a Juan Domingo Perón.

Basti asegura que Hitler también vivió durante su paso por Argentina en la hacienda San Ramón, a 10 kilómetros al este de Bariloche, una propiedad en aquel entonces del principado alemán de Schaumburg-Lippe.

Que les pareció? Recuerdan el capítulo de los Simpsons cuando Bart hace llamadas telefónicas a países del hemisferio sur, y en una atiende Hitler supuestamente en Argentina...? :lol:
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Notapor andyz » Mié Feb 25, 2004 9:32 am

:shock: Increible!!!!
Gracias por la informacion Arkantos!!!!
Tiene bastante sentido....
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Notapor Kadath » Mié Feb 25, 2004 9:29 pm

Es interesante porque hace poco lei un articulo relacionado con un Chileno, descendiente de Alemanes quien perdio a su hijo en Bariloche.. segun su version habria sido obra de Nazis ocultos bajo un Lago que hay en ese lugar. A el mismo lo habrian invitado a unirseles, pero se nego, luego en un paseo escolar su hijo desaparecio sin dejar rastro.
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Re: ¿Pudo refugiarse Hitler en Argentina?

Notapor Maor » Mié Feb 25, 2004 10:27 pm

Arkantos escribió:Que les pareció? Recuerdan el capítulo de los Simpsons cuando Bart hace llamadas telefónicas a países del hemisferio sur, y en una atiende Hitler supuestamente en Argentina...? :lol:


Recuerdo el capitulo de los simpsons en que estando cerca de un angar en un desierto, alguien por mera curiosidad abre una puerta y adentro del hangar hay dos extraterrestres verdes peleandose (como si fueran niños pequeños) por un pequeño artefacto que uno de los dos tiene en las manos. jajaja! :lol:
Liria dijo religiosamente:
"...como tampoco necesito pruebas para saber que los platillos volantes son de fabricación terrestre.Tampoco necesito pruebas para saber que otras naves desconocidas son tambien de fabricación terrestre..."
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Notapor sh3rl0ck » Jue Feb 26, 2004 6:10 am

Pues yo dudo mucho de que Hitler no se suicidara junto a Eva Braun en su bunker de Berlín y que huyera a Argentina en lo que estoy de acuerdo es que muchos nazis huyeron hacia Argentina en submarinos pero Hitler no. Para empezar a creermelo tendria que ver esos documentos y esas fotografias que atestiguan de ello.

Un saludo
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Notapor andyz » Jue Feb 26, 2004 10:23 am

Tambien hay historias que dicen que en el sur chileno hay una isla oculta que la atribuyen a nazis, pero cuentan historias muy raras, creo que se los llama los Friendship....
Si me equivoco, avisen....
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Notapor Gabriel Garcia » Jue Feb 26, 2004 12:44 pm

Interesante tema el de Frienship, he leido algo, Arkantos cre que tiene bastante información
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Notapor Kadath » Jue Feb 26, 2004 1:24 pm

Si, es la isla Friendship, que en un principio se atribuyo a seres de una raza intraterrena, debido al caso de un famoso personaje de la television que fue curado completamente de su enfermedad luego de haber ingresado a la ciudad subterranea. El hablo de seres de tipo nordico.
Despues esta misma informacion se puso en duda y comenzo el rumor que en realidad se trataria de instalaciones Nazis, pero lo encuentro dudoso o casi increible, si hasta en la Antartica dicen que estan ocultos..
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Notapor Kadath » Jue Feb 26, 2004 1:27 pm

Volviendo al Tema Nazi y relacionado con mi primer Post, les dejo este articulo.

Fuente: www.andesenios.net

"Padre e hijo, el reencuentro definitivo
Por: Ernesto Gatica Benavides

La vida de Heinz Keller ha sido más que azarosa, y está cruzada por mucho sufrimiento que lo ha convertido en una persona melancólica, retraída y de mucha vida interior. Hacerme amigo de Keller me resultó muy difícil. Corrían los sesenta y “el Alemán” como le decíamos fungía como jefe de crónica en un diario en Santiago de Chile, en el cuál yo hacía mis primeras armas en el periodismo. Keller había estudiado periodismo en buenos Aires, y también en la primera escuela de periodismo de la universidad de Concepción.

A decir verdad, “el Alemán” no me simpatizaba mucho, porque era muy poco comunicativo, y tenía una disciplina de trabajo marcada por un ritmo incansable, ritmo que estabamos obligados a seguir. Taciturno y callado, hacía una vida muy distinta a la vida tan apegada a la bohemia que practicábamos el resto de los periodistas del diario. A pesar de no contar con nuestra simpatía, Keller contaba, sin embargo, con nuestro respeto, porque como jefe, aparte de exigente, siempre respondía por el personal a su cargo, tomando la responsabilidad ante cualquier flaqueza o error que cometiesen sus subordinados. Además, el hecho de trabajar más que nosotros, lo hacía diferente a los otros jefes, que normalmente descansaban en su personal a cargo, y siempre eludían las responsabilidades ante las fallas.

Varios años después de esta experiencia de trabajo junto a Keller, yo me encontraba sin laburo, y casualmente me encontré con “el Alemán” en el centro de Santiago, en Chile, y este al enterarse de mi cesantía, me llevo a trabajar a una radio, donde él era jefe de prensa. En este trabajo tome un mejor contacto con mi jefe, y se desarrolló entre nosotros una amistad que iba un poco más allá de la relación jefe-subordinado. Conocí a su familia, y algunas veces compartíamos algún trago en bares del centro, siempre dentro del estilo tan metódico y mesurado de Keller.

En las largas conversaciones que se dan entre dos amigos, supe que mi jefe era hijo de padre chileno, descendiente de alemanes, y de madre alemana, avecindada en Chile, ambos fallecidos. Lo peculiar de la vida de Keller era su sufrida infancia. Cuando él ere pequeño, y tenía un hermano dos años mayor, en Europa se gestaba la segunda guerra mundial. Su padre, de alrededor de treinta años, en esa época se fue a Alemania, donde se enroló en la aviación de ese país, ayudado por su condición de piloto.
Pasado un año de la partida del padre, el resto de la familia, siguió sus pasos, y de esta manera mi amigo Keller, de menos de cinco años, se encontró viviendo en el país europeo, que en esos momentos arrasaba con sus enemigos y avanzaba de manera incontenible. A pesar de estar cerca de su padre, tuvo muy pocas oportunidades de verlo, porque las licencias eran escasas, y el piloto chileno-alemán pasaba movilizado. A medida que pasaron los años, la guerra se fue tornando adversa a los alemanes, su padre fue movilizado al frente ruso y, desde su partida, no volvieron a verlo. Cuando las tropas alemanas empezaron a tener los primeros reveses, y el suelo germano empezó a ser bombardeado, Keller y su hermano fueron llevados a un lugar del campo, del que continuamente eran llevados y sacados , y hasta que se produjo la derrota alemana, ellos no sintieron bomba alguna, a pesar de los feroces bombardeos a que fue sometido el país teutón.
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Notapor Kadath » Jue Feb 26, 2004 1:28 pm

Terminó la guerra, y a pesar de los esfuerzos realizados por su madre, no se pudo saber nada del destino del padre de Keller. Empujados por las terribles condiciones de post-guerra, la familia sin padre volvió a Chile, en un buque carguero, en busca de la seguridad que le podría prestar la presencia de los abuelos paternos, más una pequeña propiedad agrícola que poseían en nuestro país. El resto de la infancia de Keller transcurrió entonces en los bucólicos paisajes de la novena región de Chile, en una tranquila parcela que les procuraba un modesto pasar. A medida que Alemania se recuperaba de sus heridas, la familia de su madre les pedía que retornasen al lado de ellos, pero la traumática experiencia vivida hacía que su madre rechazara esta idea, y a lo único que consintió fue al viaje del hermano mayor de Keller, que termino quedándose para siempre a vivir en Alemania.

Keller fue creciendo, con una gran pena que dominaba su espíritu; la pena de no saber de su padre, la pena de no tener padre, la pena de haber sido privado de su progenitor por una guerra que él no entendía.

Cuando Keller llegó a la adolescencia, escribió a todo lugar o institución que le pudiera proporcionar noticias del paradero o destino de su progenitor. El sabía que los rusos hicieron sobre dos millones de prisioneros alemanes en la guerra, y que de esa cantidad, solo noventa mil pudieron salir con vida y volver a Alemania, a mediados de los años cincuenta. El tenía la esperanza que entre esos noventa mil estuviese su padre. Pasaba el tiempo, y no obtenía resultado alguno en su dramática búsqueda. Cuando Keller tenía quince años, tuvo noticias sobre unos ex combatientes alemanes que trabajaban en un remoto punto de la selva amazónica abriendo un camino, y donde probablemente se encontraba su padre. Con grandes ilusiones el joven partió hasta ese lugar, en un fatigoso y difícil viaje que duró un mes. Cuando estuvo en el salvaje lugar comprobó con gran pena que su querido padre no se encontraba en el esforzado grupo de ex combatientes. Trabajó unos meses para reunir dinero y retornar a Chile, y durante su estadía trabo amistad con un ex coronel germano que conoció a su padre en el frente ruso. Este viejo militar instó al joven Keller a no perder la fé de que algún día encontraría a su padre, porque él sabía que estaba vivo.

Cuando volvió Keller a Chile, su madre lo instó a seguir con sus estudios, y suavemente le insinuó que no buscara más al padre, porque sólo se dañaba más en los inútiles intentos. Pero para el joven esta búsqueda era la razón de su existencia, era algo más que una simple obsesión, y como pudo persistió en sus intentos. Algún tiempo después, la comunidad Alemana de Argentina se puso en contacto con él, manifestándole que existía la posibilidad de un reencuentro con su padre. Alborozado, Keller cruzó Los Andes guiado por una certeza mayor que la experimentada en sus intentos anteriores. Se instaló en la capital porteña amparado por la colonia germana, que le prometió un pronto reencuentro con el aviador que había partido a pelear por la sangre germana. Pasaron los días, los meses, y el ansiado encuentro no se producía. Keller, empujado por sus ímpetus juveniles y por su comprensible ansiedad, emplazó a sus anfitriones para que cumpliesen lo prometido, pero solo recibía evasivas como respuesta.

Keller se formó la íntima convicción, que los alemanes que hablaban con él eran dirigidos por otros que no daban la cara, y que él debía llegar hasta las personas con más autoridad y poder de decisión. Insistió, molestó, hasta que fue conducido a un lugar secreto donde lo atendió un alemán que notoriamente ejercía un mando sobre todos los que él había conocido anteriormente.

Este jerarca le explicó sin rodeos que ellos estaban enterados hasta el último detalle sobre las gestiones y viajes realizados por el en la búsqueda porfiada y tenaz de su padre. Que eso lo convertía a los ojos de ellos, en un muchacho admirable, digno de llevar la sangre alemana que corría por sus venas, y que movidos por eso, la jerarquía había decidido premiarlo con un encuentro con su padre, el que realmente estaba vivo, pero que por factores que no estaban a su alcance dominar, habían hecho desistir a ellos del cumplimiento de esa promesa, pues se pondrían en peligro bienes mayores, logrados con mucho esfuerzo, ya que en esos momentos estaban sometidos a una persecución muy grande de parte de sus enemigos y que, por lo mismo, él debía entender sus razones y esperar que más adelante se dieran las condiciones para producir este encuentro. Lo instó a tener la convicción más profunda, y la absoluta certeza, de que su padre “estaba vivo”, entregado a una causa superior, y que el sacrificio de su familia era un tributo al triunfo final.
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Notapor Kadath » Jue Feb 26, 2004 1:28 pm

Keller recuerda con estremecimiento la entrevista con este jerarca, y sobre todo una frase que este pronunció al despedirse. “La Guerra no está terminada, esto es solo un intervalo”...

El joven Keller se quedó en Buenos Aires. Apoyado por sus amigos alemanes, estudió periodismo un par de años, estudios que después continuó en Chile, donde volvió empujado por una repentina enfermedad de su madre, la cuál se fue agravando, y que terminó por llevarla a la tumba a una temprana edad. Otro dolor más para Keller, que quedó solo en el mundo, pues su hermano se radicó definitivamente en Alemania. Todos estos acontecimientos justificaban el aire taciturno y la actitud melancólica y triste de mi amigo, “el Alemán”.

Transcurrió el tiempo y Keller tuvo que ir asumiendo su adultez, pero sin olvidar a su padre. Quedó con el convencimiento que la afirmación hecha por el jerarca alemán en Argentina fue solo un consuelo para calmar su dolorosa angustia. Keller se casó y formó un buen hogar, el que adornaban tres hermosos hijos.

Las conversaciones en las cuales “el Alemán” me refirió todos estos acontecimientos que jalonaban su existencia, desnudaron frente a mi a un gran ser humano, forjado en el sufrimiento, el dolor y la angustia, templando su carácter en la carencia del apoyo paterno. Sin embargo, él sabía llenar de amor a sus hijos, a quienes adoraba con devoción casi religiosa. Conocí este hogar y conocí esta familia, que vivía un poco apartada del mundo por el mismo modo de ser de Keller, que los criaba rodeados de un manto de protección frente al mundo exterior. Los conocí, y los llegué a querer.

La aventurera vida del periodismo antiguo en Chile me llevó a apartarme nuevamente de Keller, y por unos cuantos años no volví a saber de él. Sólo por referencia de colegas supe que mi amigo trabajaba en una importante revista económica de un país vecino.

Hace pocos años, una tarde de otoño, encaminé mis pasos a un céntrico bar de Santiago, que permanece como último bastión de la antigua bohemia santiaguina, manteniendo el mismo aspecto de cincuenta años. Un lugar donde el tiempo se detuvo, y puede uno saborear algo de lo poco auténtico que va quedando en Chile y que irremediablemente se nos va, en procura de transformarse en una mala copia norteamericana. Grande fue mi sorpresa al encontrarme parado frente a la barra a mi amigo Keller, al igual que yo canoso, con su cabeza plateada por el tiempo y con su peculiar aire melancólico acentuado, confiriéndole a su rostro un aspecto más doloroso que el habitual. Después de estrecharnos en un gran abrazo, nos dispusimos a contarnos nuestras vidas, al calor de un buen vino chileno.

Mi amigo “el Alemán” trató de desviar la conversación hacia tópicos generales, y ante mi insistencia en saber de su vida y de los suyos durante el tiempo en que no nos habíamos visto, me dijo: “Bueno amigo, solo por que se trata de tí, y porque es necesario que me desahogue con alguien, te voy a contar esto, que ni siquiera mi mujer sabe”.

Y continuó diciendo:

- Como tú recordarás, la última vez que nos vimos, yo estaba muy bien situado en la radio como jefe del departamento de prensa, con buena renta y una mejor estabilidad laboral. En un momento recibí una llamada de un hombre con marcado acento alemán, que concertó una entrevista conmigo. Una vez que conversé con ella, me manifestó que mi gran deseo se cumpliría, y que ellos posibilitarían el reencuentro con mi padre. En un principio sentí ganas de decirle que se olvidara de todo, pues a estas alturas mi padre era casi imposible que estuviera vivo, y por que esos fantasmas del pasado yo los tenía muy arrinconados en mi cerebro y mi corazón, sobre todo por mi familia, que era ahora el centro de mi vida. Pero concerté casi por cortesía un nuevo encuentro con este señor, y vinieron varias conversaciones más que me convencieron de la honestidad y rectitud de intenciones de esta persona, que además siempre hablaba de “nosotros”, como refiriéndose a una organización de personas. Sin darme cuenta me involucré en esta loca posibilidad de ver a un padre que a la sazón tendría alrededor de ochenta años.

Tuve que pedir un prolongado permiso en la radio, y acompañado de otro personaje me dirigí al sur de Chile, a la ciudad de Valdivia, donde estuvimos algunos días esperando a algunas personas. Cuando estas llegaron, nos dirigimos a Futrono, donde nos alojamos en una casa particular ubicada al interior de una hacienda. Desde allí, transcurridos algunos días en que los alemanes salían solos al campo, una mañana muy temprano abordamos un vehículo todo terreno en el cuál empezamos a subir hacia el oriente, y llegados a cierto lugar, muy amablemente mis acompañantes me dijeron que tenía que vendarme la vista, no sin cierto nerviosismo de mi parte. Permití que lo hicieran, y al cabo de media hora de viaje, sentí el clásico ruido del rotor de un helicóptero, y guiados por los alemanes abordé esta máquina, la que tras un corto vuelo se posó en tierra. Me bajaron y me sacaron la venda, y en ese momento pude darme cuenta que nos encontrábamos al lado de un lago, pero extrañamente, al mirar hacia el este, no se veían los clásicos picos nevados de la cordillera, por lo que supuse que se trataba de un lago a gran altura.

Traté de recorrer algo del lugar, pero sentía el apunamiento que produce el aire enrarecido de la altura, y calculé que me encontraba a una altura de unos cinco mil metros. Pasadas dos horas, desde el otro costado del lago aparecieron unas luces que hicieron señales estilo código morse. Mis rubios acompañantes contestaron las señales con unas potentes linternas. Las luces del lago se apagaron, y después de esto fue perfilándose nítidamente la figura de la parte anterior de un avión que avanzaba a ras de agua. Demoró casi diez minutos en estar frente a nosotros este aparato, que era como la cabina de un avión grande, con ventanillas pero sin cola, terminando en una extraña punta posterior redonda. De un lado se abrió una escotilla de la cuál salió una escalera flotante por la que empezaron a salir al exterior varias personas que vestían un uniforme desconocido para mí.

Yo estaba absolutamente emocionado, el corazón se me salía por la boca, sobre todo ante la idea de ver a mi padre. En total descendieron siete personas, y uno de ellos se dirigió directamente a mí, y una vez que estuvimos frente a frente, se cuadró militarmente y en perfecto castellano me dijo:

- Buenos días, soy tu padre.

Vacilé durante algunos minutos, pues frente a mí tenía a un hombre casi de mi edad. Yo lo miraba tembloroso sin poder decir nada, en cambio él fue variando de su expresión férrea, y sus ojos azules se llenaron de lágrimas. La emoción no me dejaba pensar, pero sentía claramente que era mi padre, aquél robusto hombre que más parecía mi hermano. Durante largos minutos no pude decir nada, solo repasaba en mi mente la foto tantas veces vista y tantas veces acariciada de ese padre joven que vestía uniforme de la aviación alemana, y que era todo mi contacto con el padre tan entrañablemente querido y tan afanosamente buscado. Luego nos abrazamos largamente, y ambos lloramos tantas lágrimas como para formar otro lago igual al que teníamos al lado.

Una vez producido el encuentro, mi padre entregó el mando de la nave a su segundo comandante, y premunido de papeles y dinero entregado por mis acompañantes, nos dirigimos a una ciudad del sur de Chile donde la colonia alemana es abundante, y desde allí a una hacienda cercana, donde todos los expedicionarios pasábamos como colonos chileno-alemanes.

Largo sería detallar todas las conversaciones con mi padre acerca de las miles de interrogantes que surgían de toda su vida posterior a su viaje a enrolarse en la aviación germana. Entre estas explicaciones, mi padre me dijo que cerca del final de la guerra fue llamado por sus superiores, y bajo juramento se le ordenaron algunas misiones en el sur de Argentina y Chile. Posteriormente, y de manera paulatina,. fue entrando en el secreto de lo que se trataba, y con dolor de su parte, pero viendo lo superior de la causa, tuvo que optar por dejar a su familia y entrar a formar parte de la seleccionada legión de militares alemanes de todas las armas que custodiarían al Fuhrer en su retiro a las profundidades de la tierra, mientras llegaba la hora de retornar a la superficie para implantar el Cuarto Reich, que gobernará por mil años sobre la Tierra.

Los primeros días estuve como embriagado, tratando de digerir con mente racional, de formación universitaria, todos estos acontecimientos extraordinarios, sobre todo si tomas en cuenta el componente emocional que estos sucesos tenían para mí. Finalmente asumí, y entendí, que este extraordinario hombre era mi verdadero padre, envuelto en todo su aventuresco acontecer, y yo, que lo había buscado una vida, tenía el privilegio de encontrarlo de nuevo, a una edad casi inferior a la mía. Pasamos varios días juntos, y en un período muy corto tuvimos dos encuentros más, en los que fui entendiendo las particulares condiciones en que mi padre vivía, y que le permitían conservar un estado físico de un adulto joven.

Inquirí mucho acerca de su situación, sobre todo por mi formación periodística, y siempre me encontré con un hermetismo sistemático que le permitía contestarme lo justo y lo necesario, a pesar de ser su hijo, y haberle jurado que jamás diría nada a nadie. Por fragmentos de la información que recogí, pude saber que las naves que ellos poseían hacían frecuentes incursiones en el sur chileno y argentino, que emergían a la superficie a través de los lagos, y que interactuaban con ciudades sumergidas en estas latitudes, donde se preparaban las legiones que implementarían la parte logística del Cuarto Reich. Pude relacionar de esta manera algunos extraños sucesos acaecidos en el sur con la fragmentada información que iba recibiendo, y a la vez correlacionando.
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Notapor Kadath » Jue Feb 26, 2004 1:29 pm

Después del tercer encuentro, empezamos a tener contacto solo por medio de mensajeros, hasta que ocurrió algo insólito, cuando recibí un documento de mi padre en el que se me pedía entregar a mi hijo mayor para ser llevado a una instalación en la intra-tierra, donde sería preparado para asumir un papel importante, no solo para él, sino también para Chile. Mi primera reacción no fue sólo de rechazo a semejante idea, sino que descarté violentamente dicha proposición. A pesar de ello, estos mensajeros insistieron en varias oportunidades, recibiendo la misma respuesta de mi parte. Por último, recibí una llamada telefónica de mi él donde trató de convencerme esgrimiendo muchos argumentos acerca del fin superior al que estaba llamado mi hijo. Ese fue el último contacto con mi progenitor; desde ese momento rompí totalmente con él, y me fui a trabajar a Argentina, donde desempeñé regularmente mi trabajo, muy choqueado por toda la experiencia anterior. De todas maneras mi capacidad profesional me permitió conseguir una aceptable calidad de vida, y tras algún tiempo, casi olvidé este asunto tan encontrado entre mis sentimientos, y los intereses de mi propia familia.

Una tarde fui hasta un aparato de telex para arrancar el rollo con los últimos despachos, y entre las noticias recién llegada había unas líneas que no tenían sentido alguno y decían: “El que llama desde los hielos, llama solo una vez”. Intrigado en un principio por tan enigmático despacho, tuve que volver a lo mío y terminé botando el papelito al tacho de la basura, sin darle más importancia.

Un mes después, el colegio de mi hijo organizó una gira a las cercanías de Bariloche con motivo del fin del año, gira que por lo demás era tradicional en este establecimiento. Por lo mismo, no puse reparos en la ida de mi muchacho, que con extraordinario rendimiento tenía más que ganada ese viaje. Cuando faltaba un día para el retorno, recibí un llamado urgente desde Bariloche en que se me pedía viajar por un problema con mi niño. Rápidamente conseguí pasajes en el primer vuelo, y me dirigí a esa ciudad, donde allí fui conducido a un complejo turístico cercano y me enteré de la terrible noticia: la tarde anterior, un grupo de muchachos se había internado en el lago en un pequeño bote, y aunque sus intenciones eran navegar cerca de la orilla, el bote fue llevado por una fuerza extraña hasta el medio del agua, dnde sobrevino un remolino de viento y agua que hizo volcar la embaracción. Todos los muchachos estaban provistos de salvavidas, por lo que rápidamente se pudieron agarrar del bote. Todos, menos mi hijo, que se hundía a pesar de ser un eximio nadador, dos de sus compañeros lo agarraron por los brazos firmemente, pero una fuerza del interior parecía succionar a mi chiquillo y terminó arrebatándolo, y llevándolo consigo hasta las profundidades.

Hice lo imposible por rescatar el cuerpo de mi hijo, contraté buzos, conseguí equipos de sonar muy sofisticados hechos para detectar cuerpos en las profundidades, pero todo fue en vano. Nunca encontré el cuerpo, y las aguas jamás lo devolvieron, como aseguraron los lugareños que iba a acontecer. Tuve que volver a mi trabajo, con el alma destrozada por este infausto accidente que me había quitado a la luz de mis ojos. Un día me llegó otra vez vía telex, un extraño mensaje que decía “El hielo es eterno, renueva tus esperanzas en la eternidad”. En ese momento, y solo en ese momento, relacioné el pedido de mi padre para que mi hijo formara parte de las legiones alemanas que permanecen en los hielos, y desde ese momento también, me arrepiento de haber buscado a mi padre, el que robó mi felicidad dos veces. Una vez cuando niño me hizo vivir sin él, y otra vez, cuando viejo, me hizo vivir son mi niño.

A estas alturas, “el Alemán” estaba llorando. Bebimos y bebimos sin control, como buscando en el vino el antídoto del drama de los hielos.
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Notapor Kadath » Jue Feb 26, 2004 1:30 pm

Ufff .. un poco largo el articulo, espero que les guste el aporte... Al parecer muchas cosas se relacionan.
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Kadath
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Notapor andyz » Jue Feb 26, 2004 2:50 pm

Muy buen post, valedero por cierto..... :)
:ojo: Andyz-Enki=An-Ki=Cielo-Tierra!
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andyz
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Re: ¿Pudo refugiarse Hitler en Argentina?

Notapor searching » Vie Dic 20, 2013 12:56 am

¿Hola ese Keller está relacionado con juan Keller Keller (Martin borman)? que también vivió cerca de Futrono . Ver el diario"el ciudadano" Juan Keller - Martin Borman (google)
searching
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