Filosofía + Locura + Humor = Diógenes

Si al pensar existimos, al filosofar comprendemos esa existencia.

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Filosofía + Locura + Humor = Diógenes

Notapor angel alvarez » Mié Abr 26, 2006 2:12 pm

Al pobre Diógenes, Platón lo llamaba el loco de los filósofos (bueno, así Nietzsche se libró del insulto, de la misma manera que Dalí se libró por ser Van Gogh el loco de los pintores).

Para más inri, la ciencia ha puesto el nombre de Síndrome de Diógenes a los ancianos que acumulan toneladas de objetos inservibles en su casa (justo lo contrario a lo que predicaba el pobre Diógenes).

Bueno, me he propuesto rescatar de la calumnia a este gran filósofo, que convirtió la filosofía en una forma de vida.

Es conocida esta anécdota. Que estando Diógenes en su tonel, vino a verle Alejandro Magno. Y le dijo: "yo soy el hombre más poderoso del mundo, puedes pedirme lo que desees", y le respondió "deseo que te apartes, me estás quitando la luz del Sol".

Espero que paséis un rato agradable con las locuras de Diógenes. Son geniales (es curioso como estos dos conceptos suelen estar siempre muy unidos)

Fuente: http://www.xtec.es/~jgonza51/principal/ ... ogenes.htm

Diógenes el cínico (413-324 a.C.)
La secta del perro

Diversas son las anécdotas que de este filósofo cínico nos han llegado fundamentalmente a través del historiador Diógenes Laercio. Éste retrata fielmente el talante y el modo de vida de este filósofo provocador que nos incita constantemente a reflexionar sobre las complicaciones inútiles a las que la vida en sociedad a veces nos arrastra.
La crítica a la religión y la superstición

"Viendo en cierta ocasión cómo los sacerdotes custodios del templo conducían a uno que había robado una vasija perteneciente al tesoro del templo, comentó: «Los ladrones grandes llevan preso al pequeño.»”
“Cierto día observó a una mujer postrada ante los dioses en actitud ridícula y, queriendo liberarla de su superstición, se le acercó y, de acuerdo con la narración de Zoilo de Perga, le dijo: « ¿No temes, buena mujer, que el dios esté detrás de ti (pues todo está lleno de su presencia) y tu postura resulte entonces irreverente? »”
“A los que se inquietaban por sus sueños, les censuraba que descuidaran lo que hacían despiertos y se preocuparan en cambio tanto de lo que imaginaban dormidos.”
“Alguien muy supersticioso le amenazó: « De un solo puñetazo te romperé la cara »”; Diógenes replicó: « Y yo, de un solo estornudo a tu izquierda te haré temblar »”.
“Al ser iniciado en los misterios órficos, como el sacerdote aseguraba que a los admitidos en los ritos les esperaban innumerables bienes en el Hades, le replicó: « ¿Por qué, entonces, no te suicidas? »”
“A quien le decía que la vida era un mal, lo corrigió: « No la vida, sino la mala vida »”

Desprecio de las convenciones sociales y de todas las diferencias que se fundan en ellas

“Solía hacerlo todo en público, las obras de Deméter y las de Afrodita. Y lo justificaba argumentando que si comer no es un absurdo, no es absurdo hacerlo en la plaza pública; y como resulta que comer es natural, también lo es hacerlo en la plaza pública. Se masturbaba en público y lamentaba que no fuera tan sencillo verse libre de la otra comezón del hambre frotándose las tripas.”
“Habiéndole uno invitado a entrar en su lujosa mansión, le advirtió que no escupiese en ella, tras lo cual Diógenes arrancó una buena flema y la escupió a la cara del dueño, para decirle después que no le había sido posible hallar lugar más inmundo en toda la casa”
“Solía decir, como sabemos por Hecatón en sus Sentencias, que es preferible la compañía de los cuervos a la de los aduladores, pues aquéllos devoran a los muertos; éstos, a los vivos.”
“Afirmaba también que las cosas de mucho valor tenían muy poco precio, y a la inversa: una estatua llega a alcanzar los tres mil dracmas mientras que un quénice de harina se vende a dos ochavos”

La búsqueda de la felicidad y la vuelta a la naturaleza

“Relata Teofrastro en su Megárico que, observando en cierta ocasión a un ratón que correteaba sin rumbo fijo, sin buscar lecho para dormir, sin temor a la noche, sin preocuparse de nada de lo que los humanos consideran provechoso, descubrió el modo de adaptarse a las circunstancias. Fue el primero, dicen algunos, que dobló su manto al verse obligado a dormir sobre él; que llevó alforjas para poner en ellas sus provisiones, y que hacía en cualquier lugar cualquier cosa, ya fuese comer, dormir o conversar. Así solía decir, señalando al pórtico de Zeus y al Pompeyon, que los atenienses le habían provisto delegares para vivir.
Bastón, al principio, no lo usó sino estando enfermo. Pero posteriormente lo llevaba a todas partes, no sólo por la ciudad, sino también por los caminos, juntamente con la alforja. Así lo atestigua Olimpiodoro, magistrado de Atenas y Polieucto, el orador, y Lisanias, el hijo de Escrión.
Encargó a uno que le buscase una choza donde vivir, pero como éste se demorara, se alojó en un barril del Metrón, según él mismo narra en sus Cartas. En verano se revolcaba en la arena ardiente y en el invierno abrazaba las estatuas cubiertas de nieve, ejercitándose ante todo tipo de adversidades”
Observando cierta vez un niño que bebía con las manos, arrojó el cuenco que llevaba en la alforja, diciendo: « Un niño me superó en sencillez.» Asimismo se deshizo de su escudilla cuando vio que otro niño, al que le se había roto el plato, recogía sus lentejas en la cavidad de un pedazo de pan”
Proclamaba que los dioses habían otorgado a los hombres una vida fácil, pero que éstos lo habían olvidado en su búsqueda de exquisiteces, afeites, etc. Por eso, a uno que estaba siendo calzado por su criado, le dijo:«No serás enteramente feliz hasta que tu criado te suene también las narices, lo que ocurrirá cuando hayas olvidado el uso de tus manos».
A los que le aconsejaban salir en persecución de su esclavo fugitivo, les replicó: "Sería absurdo que Manes pudiera vivir sin Diógenes y Diógenes, en cambio, no pudiese vivir sin Manes".

La sabiduría y la filosofía

“A uno que le reprochó: «Te dedicas a la filosofía y nada sabes», le respondió: «Aspiro a saber, y eso es justamente la filosofía.»”
Preguntado acerca de qué beneficio había obtenido de la filosofía, contestó: «Como mínimo, estar preparado para cualquier contingencia.» Preguntándole uno de dónde era, respondió: «Ciudadano del mundo.»”
“A uno que le manifestó el deseo de filosofar junto a él, Diógenes le entregó un atún y le ordenó seguirle. Aquél, avergonzado de llevarlo, se deshizo del atún y se alejó. Diógenes se encontró con él al cabo de un tiempo y, riéndose, exclamó: «Un atún ha echado a perder nuestra amistad. »”

La filosofía como provocación

“Se acercó a Anaxímenes, el orador, que era extremadamente obeso, y le propuso: «Concede a nosotros, mendigos, parte de tu estómago; nosotros saldremos ganando y para ti será un gran alivio.» Cuando el mismo orador peroraba, Diógenes distrajo a su audiencia esgrimiendo un pescado. Irritado aquél, Diógenes concluyó: «Un pescado de un óbolo desbarató el discurso de Anaxímenes».”
“Se comportaba de modo terriblemente mordaz: echaba pestes de la escuela de Euclides, llamaba a los diálogos platónicos pérdidas de tiempo; a los juegos atléticos dionisíacos, gran espectáculo para estúpidos; a los líderes políticos, esclavos del populacho. Solía también decir que, cuando observaba a los pilotos, a los médicos y a los filósofos, debía admitir que el hombre era el más inteligente de los animales; pero que, cuando veía a intérpretes de sueños, adivinos y a la muchedumbre que les hacía caso, o a los codiciosos de fama y dinero, pensaba que no había ser viviente más necio que el hombre. Repetía de continuo que hay que tener cordura para vivir o cuerda para ahorcarse”
“Cierta vez que nadie prestaba atención a una grave disertación suya, se puso a hacer trinos. Como la gente se arremolinara en torno a él, les reprochó el que se precipitaran a oír sandeces y, en cambio, tardaran tanto en acudir cuando el tema era serio. Decía que los hombres competían en cocearse mejor y cavar mejor las zanjas, pero no en ser mejores. Se extrañaba asimismo de que los gramáticos se ocuparan con tanto celo de los males de Ulises, despreocupándose de los suyos propios; de que los músicos afinaran las cuerdas de sus liras, mientras descuidaban la armonía de sus disposiciones anímicas; o de que los matemáticos se dieran a observar el sol y laguna, pero se despreocuparan de los asuntos de aquí; de que los oradores elogiaran la justicia, pero no la practicaran nunca; o de que, por último, los codiciosos echasen pestes del dinero, a la vez que lo amaban sin medida. Reprochaba asimismo a los que elogiaban a los virtuosos por su desprecio del dinero, pero envidiaban a los ricos. Le irritaba que se sacrificase a los dioses en demanda de salud y, en el curso del sacrificio, se celebrara un festín perjudicial a la salud misma. Se sorprendía de que los esclavos, viendo a sus dueños devorar manjares sin tregua, no les sustrajeran algunos.”
“Elogiaba a los que, a punto de casarse, se echaban atrás; a los que, yendo a emprender una travesía marítima, renunciaban al final; a los que proyectaban vivir junto a los poderosos, pero renunciaban a ello.”
“Decía imitar el ejemplo de los maestros de canto coral, quienes exageran la nota para que los demás den el tono justo.”
“En otra ocasión, gritó: « ¡Hombres a mí!» Al acudir una gran multitud les despachó golpeándolos con el bastón: «Hombres he dicho, no basura».”

Su mendicidad

“Estaba en una ocasión pidiendo limosna a una estatua. Preguntándole por qué lo hacía, contestó: «Me ejercito en fracasar.» Para mendigar –lo que hacía a causa de su pobreza- usaba la fórmula: «Si ya has dado a alguien, dame también a mí; si no, empieza conmigo.»”
“« ¿Por qué –se le preguntó- la gente da dinero a los mendigos y no a los filósofos?» «Porque –repuso- piensan que, algún día, pueden llegar a ser inválidos o ciegos, pero filósofos, jamás.»”
“Pedía limosna a un individuo de mal carácter. Este le dijo: «Te daré, si logras convencerme.» «Si yo fuera capaz de persuadirte –contestó Diógenes- te persuadiría para que te ahorcaras».”
“En un banquete algunos le echaron huesos, como si fuera un perro: Diógenes, comportándose como un perro, orinó allí mismo”

Diógenes Laercio: Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos ilustres


El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe.

Cuando estoy entre locos me hago el loco.

Cuanto más conozco a la gente más quiero a mi perro.

Es preferible consolarse que ahorcarse.
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Notapor angel alvarez » Mié Abr 26, 2006 2:29 pm

En el cuadro "La escuela de Atenas" de Rafael, se puede reconocer fácilmente a Diógenes. Está tomando el Sol en las escaleras del templo, mientras los demás filósofos griegos ... bueno, filosofan sobre la vida.

Una vez que Diógenes viajaba en barco, unos piratas apresaron el barco y vendieron a los tripulantes y viajeros como esclavos. Imaginad la cara de los piratas cuando le preguntaron su profesión para venderle y dijo "soy conductor de hombres, vendedme a alguien que necesite un amo".

Aquí tenéis un resumen de su vida y su doctrina.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Di%C3%B3genes_de_Sinope

Diógenes de Sinope (en griego Διογένης της Σινώπης) (Sinope, ca. 412 adC – Corinto, 323 adC), también llamado Diógenes el cínico fue un filósofo griego, de la escuela cínica.

No legó a la posteridad ningún escrito; la fuente más completa de la que se dispone acerca de su vida es la extensa sección que su tocayo Diógenes Laercio le dedicó en su Vidas de los filósofos más ilustres. Las múltiples anécdotas que éste transmite dan testimonio de la convicción y rigor de sus enseñanzas ascéticas.

Vida

De acuerdo al Laercio, Diógenes era natural de Sinope, donde su padre Icesias fue acuñador de moneda. Exiliado por el delito de adulterar las piezas, envió a su hijo a Atenas, acompañado de un sólo sirviente. Las fuentes indican que éste huyó, o bien que Diógenes le despidió rápidamente, aseverando que "si Manes podía vivir sin Diógenes, Diógenes puede vivir sin Manes". Lo extraordinario de esta conducta en un miembro de la aristocracia es difícil de percibir actualmente; evidencia, sin embargo, un natural ascético que se vio pronto atraído por las enseñanzas del cínico Antístenes. Éste se negó a aceptarlo como alumno inicialmente, llegando a golpearlo con una vara; Diógenes le respondió que ninguna vara sería lo suficientemente fuerte para apartarlo de un hombre cuya enseñanza era digna de oirse. Apaciguado por la respuesta, Antístenes lo acogió.

El rigor con que Diógenes adoptó los ideales de privación e independencia de las necesidades materiales parece haber superado con creces al de su maestro, llevando una dieta sencilla y austera, vestimenta rústica y descansando en los pórticos y plazas públicas. Una anécdota recogida por Juvenal, Luciano y Séneca afirma que dormía en un pithos o tonel junto al Metroum, el templo de Cibeles; de haber algo de verdad en ella, es probable que la medida fuera sólo temporal, puesto que otros autores que hablan del filósofo no la mencionan. Se cita también que, tras ver a un niño beber del cuenco de sus manos, destruyó el cuenco de madera que era su única posesión además de su capa, su zurrón y su báculo.
En un viaje a Egina el barco en el que viajaba cayó presa de piratas, y la tripulación fue reducida a la esclavitud y vendida en Creta. Antes de subastarle, los vendedores inquirieron acerca de su profesión; Diógenes afirmó que no tenía ningún otro oficio que el de conductor de hombres, y pidió ser vendido a alguien que necesitara un amo. Un rico corintio llamado Jeníades, impresionado por la agudeza de la respuesta, lo compró. Fue manumitido al llegar a Corinto y encargado de la tutoría de los hijos de Jeníades y de sus asuntos domésticos, que dirigió el resto de su vida con gran habilidad. Sin embargo, no abandonó sus hábitos ascéticos ni dejó de predicar la doctrina de la autarkeia; durante las congregaciones de los juegos ístmicos su audiencia era numerosa y dedicada.

La más conocida de sus anécdotas data probablemente de esta fecha; se cuenta que el emperador Alejandro Magno visitó Corinto y acudió a ver al filósofo en su tonel. Presentándose como Alejandro el Grande, Diógenes le respondió sin inmutarse que él era Diógenes el Cínico. Alejandro le ofreció cualquier favor que Diógenes quisiera, a lo cual Diógenes le pidió que se apartara del sol. La anécdota es probablemente apócrifa; a la fecha Alejandro no tendría más de veinte años y no había aún adquirido el epíteto de Magno, que recibió con la conquista de Persia (tras la cual ya no regresó a Grecia), y no hay registros de que Diógenes volviese a hacerse con un tonel como vivienda ya en Corinto, pero gracias a Diógenes Laercio es parte de la imagen popular del filósofo.
Se cree que Diógenes murió en Corinto, alrededor de la fecha de la 114 Olimpíada, teniendo unos noventa años de edad. El Laercio asevera que murió el mismo día que Alejandro, en el año 323.

Doctrina

Sabemos menos de la doctrina de Diógenes que de su vida. Como otros de los cínicos, se preocupó menos de formar escuela que de llevar una vida recta, de acuerdo a los principios de autogobierno y desprecio de la sociedad de la corriente.

Podemos, sin embargo, distinguirlo de su maestro Antístenes en varios respectos. De éste se dice que consideraba la propiedad como un impedimento para la vida; si bien Diógenes no adjudicaba ningún valor a ésta, se dice que enseñaba que el robo era admisible, pues "todas las cosas son propiedad del sabio". Otras doctrinas son comunes a ambos: la noción de que la virtud consiste fundamentalmente en la supresión de las necesidades; la creencia en que la sociedad es el origen de muchas de éstas, que pueden evitarse mediante una vida natural y austera; el aprecio por las privaciones, al punto del dolor, como medio de rectificación moral; el desprecio por las convenciones de la vida social; y la desconfianza hacia las filosofías refinadas, afirmando que un rústico puede conocer todo lo cognoscible.

El rechazo cínico hacia las formas de civilización establecidas se extendía al ideal de paideia que llevaba a los jóvenes griegos a practicar la gimnasia, la música y la astronomía, entre otras disciplinas, para alcanzar la areté; Diógenes afirmó que, de dedicar ese mismo empeño a practicar las virtudes morales, el resultado no sería del todo malo. Despreciaba también la mayoría de los placeres mundanos, afirmando que los hombres obedecen a sus deseos como los esclavos a sus amos; del amor sostenía que era "el negocio de los ociosos", y que los amantes se complacían en sus propios infortunios. Sin embargo, consideraba que el coito entraba entre las necesidades físicas; es conocida la anécdota de que, frente al escándalo que provocó al masturbarse públicamente en el ágora, comentó desdeñosamente que desearía poder saciar el hambre simplemente frontándose el vientre.

Se sabe también que sostenía que la muerte no era un mal, pues no tenemos conciencia de ella. Se lo considera el inventor de la noción del cosmopolitismo, afirmando que era ciudadano del mundo y no de una ciudad en particular.
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Notapor Andres » Mié Abr 26, 2006 3:07 pm

Muy buen articulo Angel :wink:
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Notapor Andres » Mié Abr 26, 2006 3:11 pm

citando a filosofos

Cual es el campo actual de la Filosofia?
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Notapor angel alvarez » Jue Abr 27, 2006 7:21 am

Esa misma pregunta se la hice a mi cuñada, licenciada en Filosofia. Me comentó que están a la búsqueda de un nuevo sistema filosófico que sustituya al sistema hegeliano, que es el que impera en la sociedad actual.

Están en eso, buscando. Mientras, se divierten con razonamientos lógicos, para pasar el rato :)
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Notapor Andres » Jue Abr 27, 2006 9:14 am

Pienso que no hay cuestion humana que escape a la filosofia.

Aqui en mi pais me gustaria que haya un debate filosofico sobre la educacion, ambito que mal llevado deriva en muchos problemas sociales.
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Notapor Arkantos » Jue Abr 27, 2006 5:57 pm

Al participar en estos Foros (y no sólo en el de Filosofía) ya están siendo filósofos, pues lo es cualquiera cuyo pensamiento exceda las barreras establecidas socialmente sobre lo que debemos o no debemos pensar.
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Notapor time traveler » Jue Abr 27, 2006 8:58 pm

la verdad es que nadie se lava los dientes sin hacer Filosofia. el caso es si la hacemos con consciencia o sin ella.

cuando se tratan temas que son absurdos obvios sólo a que tirar violentamente de ella y el argumental del absurdo se desmorona.



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